Perdona, Tere, ¡que estás hablándole a alguien que lleva casi cinco décadas acumulando posesiones y trastos!

Ya.

Te entiendo perfectamente.

Te parece otra moda.

Crees que eso de deshacerte de todos los bienes materiales que te rodean ahora mismo, es casi como borrar tu historia.

Pero, no lo es.

Tus posesiones materiales no te hacen a ti.

Tú, las personas que te rodean y te quieren, y tu entorno, te hacen a ti.

Además, piénsalo.

Calcula qué porcentaje de la ropa que tienes en el armario te pones con regularidad.

¿Un 20%?

Yo, ni tan siquiera eso.

Posiblemente, tú tampoco.

Por eso, y porque el planeta no puede con tanto consumismo, te invito a que leas este artículo y te tomes muy en serio el concepto del minimalismo a los cincuenta.

Porque, tal y como dice el gran autor escocés Richard Holloway, «Simplicidad, claridad, unidad: Estos son los atributos que dan poder, vivacidad y alegría a nuestras vidas, y son también las marcas del gran arte».

No los objetos materiales.

 

¿Qué es el Minimalismo?

Henry David Thoreau quería experimentar la vida en la naturaleza y el 4 de julio de 1845 cogió cuatro bártulos esenciales y se fue a vivir dos años en una cabaña construida por él mismo, en un bosque cerca de Walden Pond, en el estado de Massachusetts.

Pasó allí dos años, dos meses y dos días, documentando su estancia en su libro “Walden”, publicado posteriormente en 1854, y que pasaría a ser uno de los pilares de la filosofía de vida minimalista actual.

Thoreau quería demostrar con este proyecto que el ser humano debe liberarse de las esclavitudes de la sociedad industrial viviendo en un estado natural, al aire libre, cultivando sus propios alimentos y prescindiendo de todo tipo de lujos y excesos.

Sus opiniones, aunque admirables, no eran inéditas.

Milenios antes, diversas escuelas hindúes ya abogaban por un modo de vida simplificado.

Epicuro nos recordaba también que la felicidad y el bienestar corporal se conseguían solo con los mínimos recursos y evitando todo aquello que pudiera considerarse superfluo.

Antístenes, pensador de la escuela cínica ateniense, sostenía que la civilización era un mal que no llevaba a la felicidad y que la única manera de conseguirla era siguiendo una vida simple y en armonía con la naturaleza.

A lo largo de la historia un sinfín de profetas y visionarios han practicado y defendido también los principios de la vida simple:

Moisés, Gautama Buda, Jesús y Mohamed, Rabindranath Tagore, Francisco de Asís, Mahatma Gandhi…

¡Si solo pudiesen ver estos pensadores los niveles de consumismo a los que hemos llegado en la actualidad!

Más que nunca, nos recordarían que debemos evitar los excesos para centrarnos en lo que es importante en esta vida.

Pero gracias al minimalismo, hoy tenemos una herramienta para recuperar el tiempo que perdemos en cosas que no tienen valor para nosotros, perseguir nuestras pasiones y descubrir nuestro verdadero propósito.

En Japón, bajo la influencia de la estética tradicional del Budismo Zen y los incondicionales del minimalismo estadounidense como Steve Jobs, son muchos los que reaccionan contra una sociedad que consume cada vez más fervientemente.

Jóvenes en profesiones bien pagadas, en su día apasionados coleccionistas de cómics, libros, CDs, etc… reducen drásticamente sus posesiones no solo para deshacerse del desorden, sino para volver a evaluar lo que significa la posesión y ganar algo más a cambio, o bien más tiempo con su familia, o bien haciendo lo que les gusta, viajando, etc.

 

Por qué y cómo vivir de manera minimalista a tus cincuenta

Ahí está el reto para mucho/as de nosotro/as.

Por un lado, nos cuesta liberarnos del apego sentimental que sentimos hacia nuestras posesiones.

Por otro, en algunos casos, creemos que, teniendo menos, somos menos.

Y, evidentemente, no es así.

Aplicando el minimalismo a los cincuenta (¡o a la edad que sea!) nos alejamos de los excesos del consumismo, de las posesiones materiales, del desorden, de la avalancha de tareas que nos suele abrumar, del exceso de deudas, de las distracciones y del ruido.

Gracias al minimalismo creamos más y consumimos menos.

Evitamos lo “no esencial” y nos centramos en lo que aporta sentido, valor y alegría a nuestras vidas.

Los minimalistas buscamos la felicidad no a través de las cosas, sino a través de la vida misma.

¡Y, además, nuestro planeta y las generaciones futuras nos lo van a agradecer!

 

Silla moderna blanca con algunas prendas

 

Pero, ¡cuidado!

Es importante matizar que una tarde de limpieza eliminando el caos en nuestros hogares y regalando un montón de cosas para las que ya no tenemos ninguna utilidad, no nos convierten en minimalistas, igual que comprar una estatua de Buda y colocarla en nuestra mesita de noche no nos convierte en budistas.

Para abrazar la filosofía del minimalismo debemos tomar una decisión muy consciente habiendo sopesado todas las consecuencias para nosotros y para nuestros seres queridos.

El minimalismo afecta nuestras relaciones, nuestro estilo de vida, nuestra visión de la sociedad, de nuestro trabajo y de nuestra manera de vivir.

El minimalismo es cuestión de prioridades, y es cuestión de aplicarlo a todos los aspectos de nuestras vidas.
Siempre.

No selectivamente.

O porque nos parece una forma de vivir alternativa que nos da una imagen muy “cool” de cara a la galería.

Debemos respetar nuestra vida, nuestros seres queridos, nuestros clientes, colaboradores, amigos, seres vivientes y nuestro maravilloso planeta.

Repito, siempre.

Debemos aprender a disfrutar intencionalmente de todo lo que tiene valor en nuestras vidas y a eliminar lo que nos distrae y aleja de ello.

Si es viajar, viajar.

Si es emprender, emprender.

Pero, ¿por dónde empiezas?

Empiezas decidiendo lo que es necesario y lo que es superfluo en tu vida.

¡Ahhh! ¡Pero eso duele!

Lo sé, amig@ Nomad@.

Es cuestión de buscar la alegría en los objetivos materiales que te rodean ahora mismo.

¿No te aporta ningún tipo de felicidad?

Recíclalo, regálalo, reúsalo.

¿Por qué no empezamos con tu armario?

¡Buff! ¡Qué penita! Pero, ¿y si me hace falta algún día la falda larga de flores?

¿Cuánto tiempo lleva colgada acumulando ácaros?

¿Más de un año?

O reinvéntala, o regálala.

Si no te atreves, empieza con el Proyecto 33.

 

¿Qué es el Proyecto 33?

El proyecto 333 propone vestirte con solo 33 prendas o menos durante 3 meses.

La ropa interior y la ropa laboral no cuentan, pero todo lo demás sí: joyas, zapatos, ropa, etc.

Es una manera suavecita de adentrarse a esta filosofía.

Además, te sorprenderá ver que 33 prendas de vestir en un armario son mucho más de lo que la mayoría de la gente piensa.

De hecho, se ha calculado que estas 33 prendas de vestir dan lugar a 25,176 combinaciones posibles. Es decir, que podrías lucir un atuendo diferente cada día durante los siguientes 69 años y ¡no repetirías la misma combinación!

Si no lo crees, imaginemos, por ejemplo que estos son tus 33 prendas de vestir:

1. Chaqueta tejana
2. Chaqueta Negra
3. Pantalones negros largos
4. Capris negros
5. Pantalones tejanso
6. Vestido
7. Falda negra
8. Falda estampada rosa
9. Camisa tejana
10. Camisa a cuadros
11. Camisa estampada
12. Camisa blanca
13. Camiseta con estampado en crema/negro
14. Camiseta negra con manga 3/4 y escote en V.
15. Blusa de flores
16. Blusa de lunares
17. Suéter azul
18. Bufanda negra
19. Pañuelo floral en tonos azules, rojos, etc.
20. Pañuelo blanco y negro
21. Collar largo
22. Collar Chocker
23. Collar de flores
24. Pendientes 1
25. Pendientes 2
26. Pulsera de plata
27. Pulsera de plata
28. Botas negras
29. Cuñas negras
30. Sandalias negras
31. Chanclas negras
32. Zapatos negros de punta estrecha
33. Bolso

¿Verdad que 33 prendas dan mucho de sí?

¡Y evidentemente puedes sustituir los pendientes, por ejemplo, por una chaqueta polar o un abrigo!

¡O uno de los pañuelos florales por un jersey de lana!

Eso, lo decides tú.

Ah, ¿que aun no estás mentalizado/a para vivir con 33 prendas?

Ningún problema.

Pero, ¿por qué no extrapolarlo a los muchos viajes que vas a hacer en tus 50?

Porque, ahora mismo, así, sin darte cuenta, tienes la base de tu nueva manera de viajar.

 

Cómo viajar de manera minimalista a tus cincuenta

Aquí la clave está en el qué vas a hacer.

¡Olvídate de cuánto tiempo vas a hacerlo que para eso están las lavadoras!

Es decir, haz una lista de las actividades que quieres hacer en tus viajes, tengas planeado viajar una semana, tengas planeado

viajar un mes, o cinco.

Mujer con una maleta perdida en una ciudad

 

¿Vas a subir montañas?

¿Vas a pasar la mayor parte del tiempo en la playa?

¿Vas a practicar actividades deportivas?

¿Es una salida romántica y vais a salir bastante por las noches?

Junto a cada actividad, escribe las prendas que necesitas para llevarla a cabo cómodamente.

¿Vais a hacer un poco de todo?

Por eso es tan importante tener un armario versátil.

Un armario que se adapte a tus actividades cuando viajas y cuando estás en casa.

En verano o en invierno.

En el trópico o en el ártico.

Y hablando del dónde.

¿Qué eres tan amante de los lugares fríos como yo?

Vas a necesitar ropa de calidad.

Nada de ponerte capa sobre capa sobre capa.

Una camiseta interior y unas medias de lana de merino.

O dos.

Un buen gorro y calcetines de lana.

Unos buenos guantes.

Y una parca o abrigo técnico, que corte el viento y que mantenga el calor corporal.

Eso es todo lo que necesitas.

¿Que te ocupan toda la mochila?

Bolsas zip.

¿Que te falta algo?

Seguro que lo encuentras donde viajas.

Y si no, ¡no pasa nada!

Seguro que sobrevives sin ese collar de perlas gordas tan mono que siempre te pones con el vestido negro.

¿No?

Bueno, ya basta por hoy.

Seguiremos con el tema del minimalismo para el rebelde de los 50 en artículos futuros.

Por ahora, recuerda la gran cita de Maya Angelou:

«Necesitamos mucho menos de lo que creemos que necesitamos»