Llevas toda tu vida tomando decisiones.

Personales y profesionales: desde qué se cena en casa hoy, hasta a dónde vais a viajar las próximas vacaciones, qué gastos reducir este mes para ahorrar un poco más o a quién contratar para ayudarte a gestionar tu negocio.

Las hay que son fáciles, y otras, que te sacan de quicio.

Paciencia.

A menudo, tanta opción, nos causa la documentada “parálisis por análisis”.

 

¿Cómo tomamos decisiones los seres humanos?

De dos maneras: deductiva o inductivamente.

Decisiones deductivas.

Esas son más fáciles porque para deducir comenzamos con una cantidad determinada, y seguimos un orden que nos parece lógico (normalmente de mayor a menor) hasta encontrar una solución.

Por ejemplo, al elegir qué zapatos te pones para salir de cena, tienes (a no ser que seas Imelda Marcos o Isabel Preysler), un número finito de zapatos en tu armario.

Empiezas con dos o tres opciones apropiadas para ese evento, y vas deduciendo hasta que llegas al par que combina mejor con tu indumentaria, o los que son más cómodos.

Decisiones inductivas.

Estas son más fastidiosas porque debemos tomarlas en base a un número virtualmente ilimitado de opciones.
Por eso necesitas más tiempo para comprar un par de zapatos que para escoger entre los que ya tienes en casa. Cuantas más opciones haya, mayor la incertidumbre.

¿Qué tipo de decisiones te cuestan más a ti?

¿Ambas?

Eso no puede ser.

Porque para ser Nomad@50 y luchar contra el sistema, tienes que tomar decisiones.

A veces tomarás una buena decisión, y mirarás hacia atrás y te felicitarás por haberlo hecho.

Otras, no.

Pero habrás aprendido de ese error.

Lo que no se puede hacer es paralizarse ante el proceso de toma de decisión.

 

8 tips para tomar decisiones (sin entrar en crisis).

El objetivo es intentar tomar la mejor decisión posible en un momento determinado.

¿Cómo lo haces? Los siguientes pasos te ayudarán.

 

mujer frente a campos de trigo intentando decidir por que camino seguir

 

1. Acepta que no hay “respuestas correctas”.

Deja de buscar.

Sólo hay una respuesta adecuada al momento actual en base a la información que tienes disponible.

No le des más vueltas.

 

2. Limita la cantidad de información.

Siempre se nos dice que hay que estar informado para poder tomar las decisiones adecuadas.

Y eso es muy cierto.

Lo que ocurre es que, hoy en día, la información que tenemos a nuestra disposición no tiene fin.

Y llega un momento en que cruzamos el umbral de no retorno. La información nos desborda.

Psychology Today explica este proceso de la siguiente manera:

“La mente humana odia la incertidumbre. La incertidumbre implica volatilidad, azar, y peligro. Cuando nos damos cuenta de que nos falta información, nuestro cerebro levanta una bandera roja metafórica y nos dice: hay que prestar atención. Esto podría ser importante…”

La información viene en todo tipo de formatos.

Puede que hayas hecho mucha investigación sobre un tema y hayas superado el punto que solemos definir como la “decisión informada”.

Puede que hayas hablado con varias personas de confianza, y que cada una de ellas te haya dado una opinión totalmente distinta.

En cualquier caso, al tener demasiada información sobre la mesa, estás dificultando el proceso de toma de decisión.

Además, debes tener en cuenta que la mayoría de decisiones que tomamos son fácilmente reversibles. Como no nos damos cuenta de eso, les ponemos mucho más peso del que en realidad tienen.

Verás que, si intentas limitar la toma de decisiones de poco valor a no más de dos minutos, te resultará mucho más fácil salir adelante.

 

3. Dale poder al diablillo que viaja sobre tu hombro.

Sí, aquel pequeño luzbel que siempre tiene que llevarte la contraria en todo.

Cuando tomes decisiones te va a hacer falta.

Escúchale cuando te dice que salgas de tu zona de confort y que utilices tu imaginación para hacer las cosas de manera distinta.

Te propongo lo siguiente, si tienes que decidir entre diferentes opciones, incluye una opción que sea diametralmente opuesta a lo que tú harías normalmente.

Ahora imagínate que ya has tomado esa decisión y que estás viviendo con sus consecuencias.

¿Cómo te visualizas?

Este ejercicio obligará a tu cerebro a desafiar tus ideas y a ayudarte a definir otros aspectos que no hubieses tenido en cuenta.

 

4. Analiza los pros y los contras.

Sí, parece una pérdida de tiempo.

Pero si te enfrentas a la decisión de si ampliar tu negocio o no, en esta precisa coyuntura, crear una lista con los pros y los contras, te ahorrará mucho tiempo al final.

Plasmar las ventajas y desventajas de cada decisión sobre el papel, te permite ver físicamente qué “columna” te parece más atractiva.

Esta táctica es también muy útil para pequeñas decisiones.

En esos casos, no hace falta ni que lo escribas, con una lista mental rápida de tus pros y tus contras, te resultará fácil determinar qué es lo peor y lo mejor de cada una de las opciones en un instante.

 

5. No dejes que tus emociones controlen el proceso.

Que no te quepa duda: las emociones se van a intentar entrometer en tu proceso de toma de decisiones.

Aún es más, algunos estudios demuestran que las emociones desencadenadas por otros acontecimientos que no tienen nada que ver con la decisión que vas a tomar, también influyen en la misma.

Imagínate que llevas un mal día.

A los niños no había manera de despertarles, y cuando lo consigues, un despistado va y te da un golpe en un semáforo de camino al centro, donde ibas a hacer cuatro recados y a visitar a un proveedor. Tienes que llamar a la grúa… En fin, ya sabes, un día de aquellos.

Afortunadamente, tienes tiempo y llegas a la reunión puntual.

Han pasado dos horas desde el incidente matutino.

En teoría, todos esos nervios, ansiedad, y ganas de estrujarle el pescuezo a alguien, tendrían que haberse disipado.

Pues no. Los estudios de los que te hablábamos sugieren que no lo conseguimos. Y que esas emociones provocadas por acontecimientos sin ningún tipo de relación pueden influir en nuestro proceso de toma de decisiones.

Richard Branson, el gran magnate británico, comenta que cuando se enteró que su trato con el gobierno inglés para gestionar la red ferroviaria de su país había fracasado, se sintió extremadamente frustrado. Pero sabía que debía calmarse antes de tomar cualquier tipo de decisión irracional (como hacer comentarios negativos en los medios de comunicación), que hubiesen provocado consecuencias devastadoras.

“Es malo actuar en base a las emociones, ya sean buenas o malas”, comenta Richard.

Intenta encontrar un punto emotivo neutral (¡buff! ¡casi nada!), y actúa.

 

6. Estudia “the big picture”.

O la perspectiva general.

Antes de tomar la decisión, estudia cómo afectará a tus otros proyectos de vida, tanto a corto como a largo plazo.

 

7. Fuerza la decisión.

En ocasiones, tienes que decirte: Enough!

¡Basta ya de tanto analizar el tema!

En lugar de dejar que tu mente analice las opciones hasta el agotamiento, fuérzate a tomar una decisión.

 

40 Consejos para reducir al máximo tu impacto ambiental al viajar a los 50+

 

8. No mires hacia atrás.

Lo hecho, hecho está.

No te sirve de nada darle vueltas. Aprende del resultado obtenido y prepara tu paso siguiente.

¿Sigues dudando?

Te entiendo.

Convertirte en un/a Nomad@50 es una decisión importante.

Tanto si viajas uno, dos, tres, seis o doce meses.

Espero que mi mensaje, y los muchos artículos que publico en Nomad@50 te ayuden a dar ese paso final.

Merecerá la pena.

No lo dudes.

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