¿Cuántas veces te pillas a ti mismo/a teniendo este tipo de pensamientos?:

“Nada me sale bien.”

“Estoy acostumbrado/a. Todo me pasa a mí.”

“No va a funcionar.”

“Para qué esforzarme si yo nunca tengo suerte.”

¿Sí o no?

Incluso si todo te va bien durante una temporada, sucumbes a esa actitud derrotista que te hace creer que “esta racha de buena suerte durará poco”.

“¿Dejarlo todo para viajar por el mundo, yo? Seguro que no me va bien.”

Y en tu mente, imaginas una película donde tú eres el/la perdedor/a.

Incluso sabiendo que esa forma de pensar no te aporta nada bueno, acabas cayendo en la tentación de considerarte una víctima de las circunstancias.

¡Basta!

El sistema nos ha condicionado a sucumbir a sus imposiciones.

Y siempre acabamos aplastados por esa actitud derrotista y perdedora que nos resulta más cómoda.

Por muchas razones.

Algunas ya las has oído:

Una actitud negativa es mala para tu salud física y mental.

Dedicarle tan sólo un minuto (sí, un minuto, está demostrado) a un pensamiento negativo deja a tu sistema inmune en condiciones poco deseables.

Para empezar, esa sensación de agobio permanente produce cambios físicos en el funcionamiento del cerebro y en el sistema hormonal, y lesiona las neuronas de la memoria y del aprendizaje localizadas en el hipocampo.

Además, el negativismo deja sin riego sanguíneo aquellas zonas del cerebro más necesarias para tomar decisiones adecuadas.

Y sobre todo, no olvides que a largo plazo, las personas más irritables tienen mayor propensión a padecer problemas cardiacos y otras dolencias.

 

Mujeres felices bailando frente a una puesta de sol

 

Una actitud negativa afectará a tu capacidad de trabajo.

Una persona que acude siempre a los pensamientos negativos, por muy brillante que sea intelectualmente, no va a prosperar en su trabajo, negocio o proyecto de vida, con la misma facilidad que una persona con un planteamiento positivo.

Las personas sumidas en ideas negativas acentúan su aislamiento, y su falta de apoyo en su entorno.

 

Una actitud negativa afecta tu entorno social.

Las personas se cansan de tanta negatividad.

Y eso va aislándote hasta dejar reducido tu círculo a un estrecho número de personas, resignadas a aceptar tus planteamientos negativos.

Pero todo eso ya lo sabes.

Por mucho que te cueste aplicarlo.

Lo que tal vez no sepas es que una filosofía de vida positiva te ayudará a “resucitar” de una mala etapa, o un problema inesperado, mucho más fácilmente.

Te lo cuento.

 

El efecto “borrón y cuenta nueva”.

Barbara Fredrickson, autora de Positivity, y profesora de Psicología en la Universidad de Carolina del Norte, Chapel Hill, explica que “las emociones positivas nos ayudan a recuperarnos de las emociones negativas más rápidamente”.

(Otra que ha inventado la rueda, estarás diciendo, pero dame un segundito ☺)

“Cuando las personas son capaces de auto-generar una emoción o perspectiva positiva, eso les permite echar borrón y cuenta nueva y recuperarse rápidamente”.

Las emociones negativas minan la capacidad del cerebro para pensar en términos generales y encontrar soluciones creativas.

La tenaza del miedo y del estrés y las emociones que generan (la ira, la culpa, el pánico, el resentimiento, la vergüenza, etc.) limitan el pensamiento a una mira estrecha que oscurece las opciones disponibles, haciéndonos perder la flexibilidad y la curiosidad.

“Nuestra mente se obsesiona con algo negativo que sucedió en el pasado o nos angustiamos por lo que pueda suceder en el futuro. Es como una máquina del tiempo mental.”

Pero la Dra. Fredrickson asegura que es posible replantear la adversidad con recursos tan sencillos como la alegría, la esperanza, la diversión, la gratitud, el interés, el aprecio, el respeto y otras emociones a las que podemos apelar cuando nos sean necesarias.

De hecho, Fredrickson ha demostrado que estas emociones y actitudes tienen el poder de calmar nuestra tensión arterial y funcionar como una especie de “botón de reinicio” si hemos sucumbido al poder de la negatividad.

En uno de sus estudios, los niveles de ansiedad de sus participantes se dispararon al informarles que tenían que enfrentarse a una audiencia y hablar en público. Sin embargo, fue posible eliminar esos sentimientos de angustia y los negativos efectos cardiovasculares resultantes, en menos de un minuto, utilizando un método de relajación visual.

A los participantes se les mostraron films diferentes: uno con la relajante imagen de unas olas acercándose a una bella orilla tropical, otro con un simpático cachorro jugando, otro con una temática triste, y en otro caso se les mostró simplemente una pantalla neutral.

Los sensores de seguimiento de frecuencia cardíaca y presión arterial mostraron inequívocamente que aquellos a los que se les enseñaron imágenes positivas, se recuperaron mucho más rápidamente del estrés que les causaba el tener que enfrentarse a un público desconocido.

Y eso es sólo una muestra.

Cada vez son más los estudios que corroboran que los pensamientos positivos nos ayudan a “resetear” nuestras emociones negativas rápidamente.

La propia Fredrickson llegó a la conclusión, en un informe enfocado a las empresas que resurgían de sus propias cenizas después de un mal trago o una quiebra (“Beyond hubris: How highly confident entrepreneurs rebound to venture again”), de que los recursos generados por las emociones positivas pueden ayudar a esos empresarios a superar los contratiempos y a lanzar nuevas empresas.

De hecho, el informe sostiene que las emociones positivas han demostrado ser herramientas muy útiles a la hora de ayudar a los empresarios a negociar mejor, mejorar la toma de decisiones, e impulsar la creatividad y los comportamientos de alto rendimiento.

“Las emociones positivas extienden nuestra conciencia y la atención”, dice Fredrickson, algo fundamental para quien busca una oportunidad o está tratando de resolver un problema. “Cuando puedes absorber más información, el campo de visión periférica se amplía. La persona es capaz de ver la situación de manera más amplia. En lugar de simplemente recordar el acontecimiento más importante, se pasan a recordar también los aspectos periféricos”.

La Dra. Fredrickson ha estado trabajando con el matemático y psicólogo chileno Marcial Losada, y juntos han descubierto el punto de inflexión de las emociones positivas a las negativas que marca la diferencia entre el triunfo y el fracaso.

“Parece que necesitamos al menos tres emociones positivas para combatir una única emoción negativa”, dice Fredrickson. “Lo bueno es que las emociones positivas no tienen que ser profundas o intensas. Pueden ser bastante superficiales, pero tienen que ser frecuentes».

El aprecio y la gratitud, parecen ser guerreras anti-negatividad muy eficaces.

Fredrickson aconseja que te preguntes qué es lo que existe en tu situación actual que no aprecias como tendrías que hacerlo.

Conectar con alguien a través de un interés o una diversión compartida es otra excelente manera de salirse del marco negativo.

O da un paso atrás cuando te enfrentes a un muro que parece infranqueable, y tómate un descanso.

Pon un poco de música en tu día.

Porque, tal y como nos confirma la Dra., la evidencia es clara: “Las emociones positivas que sientes hoy predicen el éxito de tus relaciones, de tu salud y de tus empresas mañana, la semana que viene, y en los próximos meses porque ponen la base de todos tus recursos y de tu capacidad de recuperación”.

Confirmado, pues.

 

No basta con ser positivo de vez en cuando.

Si necesitamos tres emociones positivas para combatir una negativa, hay que depositar tanta felicidad, aprecio, y gratitud en nuestro banco de positividad hoy, para obtener dividendos muy positivos en todo lo que hagamos mañana.

¿Sabes qué más te va a ayudar a fomentar tu pensamiento positivo?

 

Convertirte en Nomad@50.

¡Cuestionar las estructuras y lanzarte a la aventura!

Viajar estimula el cerebro.

Renueva tu cuerpo y mente.

Amplía perspectivas y te hace ver que toda esa nube de negatividad que llevas encima, es un sin sentido.

Por eso, precisamente, te invito a que sigas leyendo mi blog.

Espero poder inspirarte a fomentar el pensamiento positivo en tus cincuenta, saliéndote de tu zona de confort y viajando.

Viajando mucho.

Porque la vida, como decía Helen Keller, o es una aventura o no es nada.